Son más los muertos que los vivos

 

La muerte nos iguala a todos. Estas fotografías las he tomado durante algunos viajes, India, Moscú, Tokio, Cambodia, Alaska, Saranak Lake, Boston, Nueva York, Phoenix; en México: Campeche y Oaxaca. Los cementerios varían en formas y modos, a través del mundo. En México son muy floridos y llenos de color, porque aquí, la muerte es una gran fiesta, y el 2 de noviembre se celebra la vida que fue; los cementerios se llenan de familias, flores, comida y música.

En otros lugares del mundo son más sobrios, pero en todos, se respira la paz de los sepulcros. Pidiendo prestadas frases a Jiménez, Cortázar, Aude, Calvino, muestro los lugares de reposo por los países en que he viajado, en donde a veces se recuerda a los muertos, pero muchas veces se les olvida.

Hablar de la muerte es siempre nostálgico, melancólico, evoca soledad.

Cementerios del mundo, siempre bellos, pacíficos, nostálgicos

Me sorprendo imaginando lo indecible de la muerte. Fluyo en las palabras que la nombran. Penetro en ella, en la muerte misma, como si se tratara de un espacio para habitar.

No encuentra reposo ni en el frío, ni en el nombre ni en el doble…

Detente, instante, eres tan hermoso, pensaba mientras te miraba. Pero ahora que me has abandonado, me pregunto ¿a dónde va la vida cuando se detiene?

Paren todos los relojes, corten los teléfonos,
impidan que el perro ladre,
callen los pianos y, con un apagado tamborileo,
muestren el ataúd, dejen que las plañideras se acerquen.
Que los aviones hagan círculos, gimoteando sobre nosotros,
garabateando por el cielo el mensaje: él ha muerto,

No puedo poseer ciertos aromas: el profundo olor a nostalgia que tienen los otoños y el íntimo, silencioso, cálido olor de algunos cuerpos que ya no están

Uno llega a un momento de la vida en que la gente que ha conocido son más los muertos que los vivos…

 

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