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Saranac Lake

En pleno invierno y con gran arrojo, abordamos una avioneta Cessna y salimos del aeropuerto de Boston hacia Saranac Lake, un precioso poblado en el norte del estado de Nueva York que pertenece a la región del Parque Adirondacks. Esta villa inició en 1819 cuando el Sr. Jacob Moody se asentó en el sitio. Durante todo el siglo XIX más personas decidieron llegar a vivir rodeados de una floresta tan virgen.

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A partir de 1870 el aire limpio, la belleza del paisaje así como la oportunidad de la caza y la pesca atrajeron a la gente, los hoteles se multiplicaron.

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En 1884 Dr. Edward Livingstone Trudeau creó la Casa Sanitaria de Adirondacks, a la cual un gran número de personas asistía a curarse la tuberculosis con aire fresco, dieta, ejercicio moderado y reposo; fue llamado “resort sanitario pionero”, una suerte de “La Montaña Mágica” de Thomas Mann.

La población continuó creciendo por las nuevas oportunidades creadas en materia económica, los empleos crecieron, se establecieron restaurantes, tiendas, exposiciones de arte y bibliotecas.

Después de la 2ª guerra mundial se descubrieron nuevos tratamientos para la tuberculosis de manera que disminuyó la afluencia de personas al hospital, por lo que Saranac Lake vivió tiempos difíciles; pero el incremento del turismo así como la construcción de casas de campo de algunos residentes de otras ciudades logró revivir la economía.

También contribuyeron la instalación del Instituto Trudeau lo que convirtió a la villa en un centro de investigación médica, el establecimiento de un Departamento de Conservación Ambiental, la Agencia del Parque Adirondack y la Estación de Policía de Nueva York.

En Saranac Lake se han llevado a cabo dos Olimpiadas de invierno, una en 1932 y otra en 1980, por lo que cuentan con magníficas instalaciones que se siguen usando para la práctica de los deportes invernales.

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Otro atractivo desde 1898 es el Carnaval de Invierno que se celebra en febrero de cada año; se construyen maravillosos castillos de hielo de tamaño natural, se elige al Rey y a la Reina entre las personas prominentes de la comunidad y se realiza un vistoso desfile.

Una gran industria es la producción de la deliciosa miel de maple, que se realiza de manera prácticamente artesanal por muchos de los residentes de la villa.

Muchos distinguidos personajes han vivido temporalmente en este lugar, entre ellos los escritores Mark Twin, cuya cabaña se conserva y Robert Louis Stevenson, autor de “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”.

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Nosotros nos instalamos en una hermosísima cabaña, muy parecida a la de la abuelita del cuento de caperucita roja.

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Además de los maravillosos paisajes, los lagos, los bosques, el aire limpio, el agradable centro del pueblo, la gente amable como Jon, Eileen y Mildred, tienen cementerios interesantes con tumbas muy antiguas y cuentan con una preciosa biblioteca con importantes volúmenes, muchos de ellos sobre la historia de este increíble lugar que es el paraíso de cualquier fotógrafo.

 

Fuente texto: Plática con la bibliotecaria,

con los residentes y del libro

Images of America. Saranac Lake

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La Ausencia. Covadonga

“Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañera del alma… compañera”

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Su presencia no era permanente, pero sabía que ahí estaba, hablaba con ella, nos escribíamos, nos pensábamos, nos confortábamos, nos queríamos. Se ha ido para siempre, los lugares comunes acuden para tratar de llenar la ausencia: estaba muy enferma, sufría.

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El dolor persiste, el recuerdo ayuda, pero no alcanza a confortar del todo. Luchadora, deportista, contestataria, trabajadora, as del volante, madre, hija, hermana, amiga.

Volver a su espacio, recrear con imagenes sus lugares, hacer un homenaje a quien fue un regalo de la vida, mi amiga, mi compañera, mi confidente.

 

 

Día de Muertos en Pomuch, Campeche

Estaré cerca de ti por siempre.

Pomuch, en el municipio de Hecelchakán, en Campeche, México, es un lugar mágico y único por la forma de celebrar y honrar a sus muertos.Tres años después de que muere algún familiar, los deudos hacen trámites ante las autoridades de la villa para exhumarlos. Previo a eso, construyen receptáculos de concreto, verticales con diversos niveles, la mayoría sin puertas, que serán en adelante los osarios de varios difuntos. Encargan a los carpinteros locales hermosas cajas para ser las depositarias de los amados huesos.

Cada año, con anticipación al 2 de noviembre, las personas de la familia se preparan. Las mujeres realizan preciosos bordados sobre telas blancas con pájaros, flores y palomas, así como el nombre del difunto y que representan su ropa. Se utilizan para realizar el cambio de paños de las cajitas debiendo ser nuevas cada año para estar seguros de que regresarán. Pintan los osarios con brillantes colores, cambian las flores y encienden las veladoras; con gran amor y respeto limpian los huesos empezando por las extremidades inferiores y terminando con el cráneo que se coloca hasta arriba. Mientras se efectúa el extraño ritual, los niños observan y reciben lecciones, además de que escuchan narraciones de cuando el difunto vivía. En cada tumba la familia realiza oraciones y cantos en lengua maya que acompañan a los recuerdos.

Es emocionante contemplar este amoroso ritual, hablar con la gente, escuchar que desde que tienen memoria se les ha heredado esta costumbre maya que los mantiene cerca de sus queridos muertos por muchos años más.

Guelaguetza

El Festival conocido como guelaguetza tiene su antecedente más claro en el “corpus del Carmen” del período colonial y siglo XIX. Desde 1699 la celebración mayor de los carmelitas del convento de la Santa Veracruz (Carmen alto) fue una fiesta de las familias españolas y criollas de la ciudad de Oaxaca. Iniciaba el 16 de julio y terminaba con una especie de día de campo, que después de la misa se trasladaba al cerro cercano, donde recogían azucenas. Había una clara división de clases en ésta celebración. A principios del siglo XX, se volvió una verbena popular, así que los dos lunes posteriores al 16 de julio, las familias almorzaban en las faldas del cerro del Fortín y disfrutaban de bandas y comida. En 1932, en el 4o centenario de la fundación de la ciudad, se contempló la necesidad de exaltar ciertos aspectos de la historia y culturas del país y la “oaxaquenidad” en específico. Así inició el acto central con una escenificación conformada por representantes de las regiones indígenas del estado. Entre 1930 y 1950 los lunes del cerro no tenían programa fijo.  A partir de 1951 se busca dar mayor proyección turística a la ciudad y se invita a las comunidades a participar. En 1956 se le empieza a nombrar “guelaguetza”, término que se refiere a la costumbre de los pueblos zapotecos de ayudarse unos a otros en momentos clave de la vida. La guelaguetza es una fiesta muy querida, a pesar de que actualmente despierta sentimientos encontrados entre los oaxaqueños,  ya que a muchos les molesta netre otras cosas, el “comité de autenticidad” ya que dicen que no son ellos quienes deben “normar” a las delegaciones y que trastocan lo verdaderamente indígena.1 2 3 4 5 Pluma 6 7